Vivienda de interés social

las cosas poco han cambiado. Buena parte de los
mexicanos que viven en el México rural aún vi-
ven en jacales, si bien es cierto que la población
urbana de nuestro país ha superado ya 50% del
total nacional. No obstante, las condiciones de la
vivienda urbana de la gran mayoría de las familias
en las grandes ciudades –México, Guadalajara,
Monterrey, Tijuana, Ciudad Juárez, por mencio-
nar algunas de las más relevantes–, apenas son
mejores que el estado de las viviendas rurales.
La promesa de una mejor calidad de vida que
entrañaba el migrar del campo a la ciudad no
siempre se cumplió. La rápida industrialización
de la segunda mitad del siglo xx llevó a los recién
llegados a habitar en vecindades y edifiios del
ahora centro de nuestra ciudad, quienes, con el
sismo de 1985, tuvieron que emigrar a las orillas
de la misma. Por ello la vivienda de interés social
ha sido uno de los ejes de desarrollo tomado por
¿Es la vivienda de interés social?
Fernando Nájera Fragoso
Un pueblo que vive en jacales y cuartos redondos
no puede “hablar” arquitectura
Juan Legarreta
los gobiernos como bandera de crecimiento y
cumplimiento del progreso.
Hoy, un porcentaje considerable de los ha-
bitantes de nuestras urbes vive en las viviendas
de interés social construidas durante fiales del
siglo pasado e inicios del actual. Se intentó que
las condiciones de vida fueran más higiénicas,
e incluso, se podría decir, mejores, más dignas
que antes. Los resultados de las políticas de vi-
vienda de interés social varían increíblemente a lo
largo de su historia. Desde los grandes conjuntos
icónicos de Mario Pani hasta aquéllos desarrolla-
dos por Abraham Zabludovsky y Teodoro Gon-
zález de León, pasando por la obscura época de
las constructoras con sus enormes e inhumanos
conjuntos –convertidos ya en parte del paisaje
limítrofe entre la urbe y el campo–, en la actua-
lidad priman los concursos patrocinados por los
organismos de vivienda federales que buscan
conjuntos hechos a una escala vivible y con miras
a la inclusión de tecnologías sustentables.
Las opiniones de cada época son muy va-
riadas, podemos o no estar de acuerdo con lo
que se ha hecho o dejado de hacer. Así como se
debe señalar las numerosas faltas y las múltiples
omisiones, también se tiene que reconocer los
grandes aciertos que, como nación, ciudadanos y
arquitectos hemos tenido en poco más de 70
años de una política ofiial de dotación de vi-
vienda de interés social.
El éxito de los programas de vivienda se vol-
vió meramente cuantitativo y no cualitativo. Si
bien es cierto que la presencia de las inmobiliarias
en el imaginario social ha disminuido y que su ac-
tuar también se ha visto reducido en los últimos
años, su rol se ha dirigido por vertientes nuevas
y de moda en la arquitectura y la construcción,
por ejemplo: lo sostenible o sustentable. ¿Hasta
cuándo lo sustentable dejará de ser un extra en
nuestra práctica y en la industria para volverse
parte del quehacer cotidiano

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